Vergüenza legislativa con sello tricolor y tufo religioso

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Selene Lamas

El júbilo de tres cuartas partes de los asistentes a la sesión para votar el dictamen a favor de los matrimonios igualitarios estremeció el recinto legislativo, “si se pudo” y “si nos representan” fueron las expresiones del contingente que portaba rosarios en mano. La iniciativa se rechazaba por 13 votos en contra frente a 11 votos a favor. 

En contraparte, entre los representantes de los grupos de la diversidad sexual, por unos segundos, reinó el silencio. La rabia y las ganas de llorar se agolpaban en el pecho de quienes tendrán que esperar a que lleguen legisladores que vean  por el respeto a los derechos humanos sin distingo alguno. 

El efecto del balde de agua fría que cayó sobre sus espaldas duró poco, instantes después, los heridos por el brazo de hierro de la democracia y el aura del espíritu santo, se repusieron, se reorganizaron y se dispusieron otra vez, por enésima vez a seguir dando la lucha. 

“Iremos a la corte” y “fascistas” fueron las exclamaciones con las que reaccionaron al golpe perpetrado por los 13 diputados que votaron en contra, las dos legisladoras que se abstuvieron y los cuatro que no se quisieron meter en problemas y ni siquiera acudieron a cumplir con su deber. 

Previo a la votación, alrededor de nueve diputados se registraron para  hablar a favor de la iniciativa a la reforma del código familiar.

Entre ellos estuvieron Mónica Borrego, Héctor Menchaca, Javier Calzada, Roxana Muñoz, Alma Dávila, Juan Mendoza, Navidad Rayas, Omar Carrera, Jesús Padilla y Gabriela Pinedo. 

De los discursos pronunciados en la tribuna del Poder Legislativo llamó la atención el de Javier Calzada, quién a pesar de abanderar al Partido Encuentro Social, se declaró a favor de la igualdad y emitió su voto a favor, “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, fustigó el diputado. 

Con un sentido pronunciamiento apareció Alma Dávila quién retomó su experiencia personal y su cercanía a la religión católica para argumentar a favor de la paz, el amor y los derechos humanos tras revelar que algunos de sus amigos sacerdotes le escribieron para respaldarla en su decisión de apoyar el matrimonio igualitario. 

Con un discurso frontal, como acostumbra, el perredista Juan Mendoza, arremetió contra quienes están en contra de que se otorguen los derechos a todas las personas y recordó momentos de intolerancia como la discriminación hacia las personas con VIH. 

“De no aprobarse este dictamen seguro vendrá una acción de inconstitucionalidad o la misma declaración de inconstitucionalidad, pero más lamentable será la vergüenza legislativa” advirtió.

 

Los representantes callaron

 

De quienes votaron para rechazar el dictamen nadie habló. Para el debate previo a la votación nadie se inscribió. Los 13 legisladores que votaron en contra se refugiaron en sus celulares durante la discusión.

Llamó la atención que la mayoría de los diputados del Partido Revolucionario Institucional (PRI) votaron en contra (dos que se abstuvieron). En sus declaraciones, el gobernador Alejandro Tello, el primer priísta del estado, como lo llaman los militantes de ese instituto político, se ha pronunciado a favor de la igualdad y del respeto a los derechos humanos, sin embargo, sus compañeros de partido no demostraron estar del mismo lado.

No así del de la esposa del gobernador, Cristina Rodríguez, quien públicamente ha manifestado su rechazo al matrimonio igualitario y a quienes voces tanto de la legislatura como de otros sectores, han acusado de cabildear con los diputados tricolores, para que votaran en contra.