LA PATRIA ES PRIMERO

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Por: Lucía Medina Suárez del Real

Tan notorios y estridentes fueron los abucheos al gobernador en el evento que encabezó el presidente Andrés Manuel López Obrador el pasado viernes en la capital del estado, que el mandatario estatal interrumpió su discurso en más de una ocasión y esperó a que amainara la crítica. El contexto de la rechifla es imprescindible para dimensionarla.

Antes de iniciar el evento ya había algo de irritación, porque pese a que se hizo una convocatoria abierta, para muchos el ingreso fue atropellado, y para otros incluso imposible.

Efraín Arteaga líder de ex braceros, declaró que algunos “servidores de la nación” intentaron arrancarle las pancartas tamaño carta que portaba, pese haber seguido las indicaciones de retirarles los pequeños palos que las sujetaban según las indicaciones de la ayudantía del presidente.

A Raymundo Cárdenas Hernández, conocida figura de la izquierda zacatecana se le impidió acceder porque se le exigió estar acreditado con un gafete, según él mismo publicó en su cuenta de Facebook.

En ese contexto, cuando llegaron el gobernador y el presidente, un grupo de personas con chalecos rojos, pancartas, y gritos de apoyo a la Confederación Nacional Campesina (CNC) gritaron elogios al mandatario estatal, lo cual al principio fue ignorado, pero conforme se reiteraban las porras, empezaron a ser respondidos por chiflidos que se fueron radicalizando, a tal punto, que cuando los mandatarios (estatal y nacional) se colocaban en sus lugares, resonó el “Tello, amigo, el pueblo está contigo” que fue respondido con gritos de “Morena”.

En su discurso López Obrador tocó el punto. Dijo que las campañas terminaron y retomó las palabras del gobernador sobre el trabajo conjunto. Y aunque enfatizó que “la patria es primero”, admitió que hay “agravios y viejos pleitos”.

Y los hay…

La institucionalidad hoy con justicia exigida estuvo ausente durante la campaña presidencial, cuando inexplicablemente se cerraron las vialidades principales de Zacatecas y Guadalupe en el día que se realizaba un mitin de López Obrador, al que no llegaron autobuses porque les fue obstaculizado el paso.

En aquellas fechas también gente cercana al mandatario estatal, si bien en su innegable derecho jurídico, en una clara imprudencia política, hizo publicaciones en el mismo tenor que la guerra sucia que entonces se propagaba.

Ya lejos del calor de campaña, el gobernador hizo críticas si bien inocuas e incluso comprensibles en democracia, también relativamente gratuitas, pues pese a que Zacatecas fue una de las 23 entidades en las que el abasto de gasolina se mantuvo estable y fluido, el mandatario estatal calificó de “fracaso” la estrategia para combatir el huachicoleo.

Desde el otro lado –y no tendría por qué haber lados- no todo ha sido miel sobre hojuelas. Que el gobernador se enterara de la visita de AMLO al mismo tiempo que el resto de los ciudadanos y a través de la prensa es, por decir lo menos, una descortesía política.

Puede explicarse por la novatez o el desconocimiento de las formas, pero el mínimo obligado era entonces admitir el error y con ello enmendarlo. No obstante, la respuesta –informal- fue de burla y escarnio al mandatario estatal por no haberse enterado, profundizando con ello lo que podía quedarse en lo anecdótico.

Afortunadamente el asunto quedó zanjado y el gobernador manifestó su buena voluntad al punto de hacerse presente en el aeropuerto para recibir al presidente López Obrador.

Por el bien común, es de esperarse que estos desencuentros queden en el pasado a la brevedad. Abona a ello que las personalidades de ambos (gobernador y presidente) son conciliadoras, y que en sus discursos y sus actos predomina el mensaje de querer trabajar en conjunto.

Puede tenerse las diferencias políticas que sean, pero la realidad exige todos los días la coordinación entre diferentes niveles de gobierno. Ojalá no nos toque vivir nunca algo similar, pero el caso Tlahuelilpan da muestra de que los problemas no conocen de colores ni ideologías y exigen la actuación de todos.

En el tratamiento de esa tragedia ha quedado clara la coordinación desde el presidente municipal, el gobierno de Hidalgo, de la Ciudad de México, y cada instancia del gobierno federal relacionada con el tema.

Esa madurez política debe ser también la tónica en Zacatecas.