El poder para usarse

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Por: Lucía Medina Suárez del Real

Al triunfo de López Obrador el español Juan Carlos Monedero comentó que el tabasqueño había conquistado el Gobierno, pero no (aún) el poder. En ese camino se encuentra.

Van tan solo 45 días desde la toma de posesión y si se hace un recuento de lo más destacado en el ámbito público pareciera que ya van varios años de gobierno.

No han faltado desencuentros, conciliaciones, cambios legislativos y hasta rectificaciones. De todo se ha visto en estos 45 días de lidiar batallas en frentes que otros difícilmente se habrían atrevido a abrir.

La primera de ellas fue la cancelación del aeropuerto de Texcoco; ese apocalíptico “error de octubre” que nos llevaría a la catástrofe económica que nunca llegó, pues ni huyeron las inversiones, ni cayó la confianza en México ni se desató el precio del dólar.

Luego vino la pelea por la austeridad, que tampoco fue fácil, pues a pesar de la desigualdad social, hay quien equipara altos costos a alta calidad: escuela cara igual a escuela buena, hospital caro igual a hospital bueno, lo cual hace que se dé por hecho que llegarán personas incapaces a los espacios que dejen quienes están inconformes con la política de austeridad impuesta en este sexenio.

Aunque siguen procesos legales abiertos, en ese terreno, López Obrador también podría contar victorias significativas (aunque insuficientes), pues logró que por decisión propia los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación decidieran bajar 25% su salario, que los legisladores renunciaran al seguro de gastos médicos, y hasta que el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México regresara parte de sus percepciones.

El tipo de cambio con el dólar y el costo de los combustibles también han estado a la baja,.

En otros ámbitos se han logrado eludir balas peligrosas. Es el caso de la construcción del muro en la frontera con Estados Unidos. En ese tema, por ejemplo, el gobierno federal ha optado por el prudente silencio y por no hacer el juego al mandatario estadounidense. En tanto que en lo referente a Venezuela, López Obrador ha retomado los principios más fuertes de la diplomacia mexicana.

Una liebre saltó ya en ese breve camino: la muerte de los Moreno Valle, a lo cual se respondió con agilidad y apoyándose en expertos extranjeros que den certidumbre a las investigaciones.

En este escenario es que Andrés Manuel López Obrador inició una guerra más, esta vez contra el huachicoleo.

Lo hace desde arriba y desde adentro, es decir, no enfrentando a una veintena de hombres con cilindros en mano que en las lejanías de algún pueblo están saqueando a la empresa más importante del país. No, el ataque es frontal y en altos niveles, señalando saqueos en instalaciones de Pemex, la complicidad de sindicalizados, empleados de confianza y hasta miembros de las fuerzas armadas, además de sumarse a ello denuncias por lavado de dinero por parte de la Unidad de Inteligencia de la Secretaría de Hacienda.

Por supuesto, todo esto ha generado inconformidades. Guanajuato, el estado donde según su gobernador el 80% de gasolina que se vendía era robada, el desabasto de combustible ha provocado pánico y parálisis. Algunos otros estados se encuentran en esa situación, Querétaro, Estado de México, Michoacán y Jalisco, y aunque en estos lugares la situación puede ser desesperada, el resto del país permanece en relativa calma, lejos de aquel diciembre de 2016 donde el desabasto parecía generalizado.

Como quiera que sea, en esta guerra contra el huachicoleo que ha tenido afectaciones en la población civil, una vez más López Obrador ha contado con la paciencia de la población, que se pronuncia en un 80 por ciento a favor de las medidas tomadas por el presidente de la República pese a las incomodidades que éstas han generado.

La apuesta es arriesgada, pero López Obrador parece experto en tempestades. En ocasiones olvidamos que venció con 30 puntos de ventaja pese a 12 años de ser llamado “loco”, “enfermo de poder”, y de varias campañas negras en su contra.

Cualquiera que sea el resultado, está claro que Andrés Manuel no se ha conformado con su llegada al gobierno, y en efecto, está en la construcción de verdadero poder. En ello ayuda la legitimidad de las urnas y la confianza forjada en años.

Queda claro que se sacude un régimen al que el tabasqueño pretende dar muerte. El pronóstico se mantiene reservado aunque las encuestas muestren optimismo y esperanza. Lo que es indiscutible es que el cambio va.