El infierno de un crédito Infonavit

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Desde hace unos años, justo cuando dejé el nido y me aventuré a una vida independiente al terminar mis estudios universitarios, pagué renta por la vivienda que habitaba. Durante cuatro años la tarifa nunca varió y representaba apenas el 14% de mi ingreso mensual neto, aparte del costo de los servicios. Llegado el momento, reuní puntos suficientes para ejercer mi crédito Infonavit. Realicé los trámites para adquirir una vivienda. Y ahí comenzó el infierno.

 

Pagar una cuota mensual que casi triplica la tarifa por rentar una vivienda, así sea una cuota fija, y según el contrato así será por 30 años. No imagino el tormento (que debe ser peor) para quienes aún tienen su crédito en Veces Salario Mínimo, pues año con año se incrementa la tarifa de acuerdo a los ajustes inflacionarios. Sin embargo, estas cuestiones técnicas nunca quedan claras para el derechohabiente, quien solo entiende de burocracia, papeles y requisitos para obtener un crédito para adquirir su vivienda.

 

El Infonavit maneja una tasa de interés promedio de 12%, mucho más elevada que el 6% que se puede lograr en instituciones bancarias y todavía mucho más alta que el 3% que maneja el Fovissste, sin penalizaciones por pago anticipado, lo que representa una ventaja porque ¿quién en su sano juicio quiere terminar de pagar su casa en el lecho de muerte?

 

Con frecuencia optamos por la opción del crédito Infonavit pensando que, en un trabajo formal, el patrón nos retiene parte del salario para estas prestaciones y junto a una suma que él mismo aporta se crea un fondo para adquirir una vivienda. Al ser un recurso derivado de nuestro trabajo, es natural que queramos ejercerlo.

 

No obstante, ignoramos todo el entramado detrás de una institución que inicialmente cumplía la función de facilitar créditos hipotecarios a los trabajadores para adquirir un patrimonio, pero con el tiempo esta institución ha dejado de ser funcional por varios factores, algunos vinculados con una dinámica nacional y otros muy particulares del caso de Zacatecas.

 

En nuestro estado es casi un milagro encontrar vivienda con un costo por debajo de los 500 mil pesos y, de encontrarla, es un huevo donde solo entra una pareja sin hijos, alejada de los centros urbanos, con servicios deficientes y fraccionamientos más solitarios que una película del Viejo Oeste.

 

Situación muy diferente viven en el vecino estado de Aguascalientes, donde por 500 mil pesos puedes adquirir una vivienda amplia para una familia con cuatro miembros. El Infonavit no ofrece créditos que superen los 450 mil pesos (ya lo vivieron los vecinos de Rincón Guadalupano). Lo que complica la situación para los habitantes de Zacatecas, quienes deben apostarle a complementar ese crédito con ahorros propios o endeudamiento para adquirir una vivienda adecuada a sus necesidades.

 

Al firmar el contrato, muchos olvidamos leer las letras chiquitas, pero incluso en dichas cláusulas uno parece no advertir que durante los primeros 10 años los pagos por la vivienda serán para amortizar los intereses y solo hasta después de una década de pagar intereses comienzas a abonar a capital para reducir el monto de la deuda, sin olvidar la penalización por pagos adelantados. En instituciones bancarias hasta te condonan, te ofrecen descuentos o te ofrecen tasas preferenciales en los intereses por pago adelantado.

 

¿Sorpresas? Si se deja de pagar el crédito, el responsable es usted, a pesar de que el patrón sea quien le retenga ese recurso. Si usted mismo es quien omite ese pago, el Infonavit buscará primero reactivar su crédito, reestructurarlo o, en última instancia, dar por terminado el contrato y quitarle su vivienda. El instituto nunca pierde y no le importará la circunstancia por la que esté pasando. Ya lo vimos con los vecinos de Rincón Guadalupano.

 

¿A qué viene esta reflexión? Al menos para el caso de Zacatecas, donde el costo de la vivienda se ha elevado exponencialmente en los últimos 20 años, es más factible adquirir un crédito hipotecario en una institución bancaria que en el Infonavit. Uno puede encontrar tasas de interés inferiores, con condiciones más flexibles y sin penalizaciones por pagos adelantados. Si uno trabaja duro, en menos de 10 años terminas de pagar una vivienda adecuada a tus necesidades.

 

Pero más allá de estas ventajas, pienso si no es paradójico presumir la creación de X número de empleos formales, cuyos patrones están obligados a ofrecer esta prestación a sus trabajadores, cuando el propio Infonavit no reúne las condiciones que requieren los derechohabientes (al menos para el caso de Zacatecas). En cierta forma, te obligan a entrar en ese esquema donde la institución es la única que gana. ¿Imposición?, ¿monopolio? Uno debería tener derecho a elegir.