EL RECREO: PECES FUERA DEL AGUA

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EL RECREO: PECES FUERA DEL AGU

Para los mexicanos lo menos importante es adivinar al destinatario de las palabras presidenciales del 20 de Agosto del Presente, para unos es Ricardo Monreal al que le queda el saco de “político trepador y oportunista y a Martí el de “político de ideales” y para otros es exactamente al revés, porqué más allá de la coyuntura que muy pronto perderá actualidad, lo importante es reconocer que la ciudadanía habrá de modelar y remodelar a sus políticos mediante la libre deliberación de méritos y deméritos de las figuras públicas en una etapa de elevado interés sobre lo público que mucho ayudará a consolidar la democracia mexicana
No comparto que se priorice el enfoque orientado a descifrar el pensamiento del presidente respecto a dos actores de la vida nacional pertenecientes al mismo partido, tampoco es relevante la especulación sobre el impacto en la vida política zacatecana porque sin negar que si lo tendrá, lo más importante es identificar la coexistencia en el mismo tiempo y espacio de dos modelos de políticos presentes en el territorio nacional estado por estado, municipio por municipio, partido por partido , ideología por ideología. Lo cierto es que nunca en mi ya no muy corta vida había visto a tanto político convulsionarse como pez en pecera sin agua

El político trepador y oportunista denominado “politiquero” se volvió dominante en las últimas décadas, un signo que los distingue es la incapacidad de relacionarse con lealtad a partido alguno pues para ellos son simples instrumentos para ambiciones personales y no organizaciones creadas para intereses generales, pero no se piense que los que cambian de partido son por trepadores porque hay quienes han vivido el trance de un partido a otro dejando constancia de su coherencia, tal es el caso de figuras históricas de la talla de Cuauhtémoc Cárdenas o Bernardo Bátiz cuya respetabilidad nadie pone en duda, como ellos hay muchos en todo el territorio nacional.

Lo que sí distingue a un político de un politiquero es su enriquecimiento a partir de cargos públicos mediante tráfico de influencias y venta de favores en amplio sentido.


El debate intenso que suele suscitar el Presidente que más exitosamente marca la agenda nacional aún antes de arribar a la primera Magistratura, centra la atención con su alocución mañanera en la necesaria distinción entre política y politiquería, distinción que no es novedosa si recordamos que en etapas de intensa ideología solía calificarse de “grillo” al que se considera pepenador de oportunidades falto de convicciones reales. 


PARTIDOS PARTIDOS

Los ayer grandes y hoy chicos partidos políticos ofrecen un escenario que parece de división, el PRI no pasó la prueba electoral, la renuncia de Ivonne Ortega denunciando fraude es casi certificado de defunción, algo semejante le pasa al PAN, Felipe Calderón es el que expide el caso certificado de defunción al impulsar al parecer fallidamente la formación de un partido nuevo, el PRD ya ni que hablar, sobrevive enganchado a las presidencias municipales que aún mantiene bajo control. Los dirigentes formales de los tres partidos en trance de extinción buscan aliarse cupularmente sin advertir que sus propias bases ya buscan por su cuenta tablitas de salvación individual, todos eso no significa que al interior de cada uno de esos partidos no existan diagnósticos realistas y voluntad autocrítica por cuenta de sus respectivos políticos coherentes y auténticamente identificados con sus respectivos idearios, eso sí, estrellándose con sus respectivos politiqueros.


Morena no canta mal las rancheras, en su seno coexisten politiqueros y políticos del mismo modo que en todos los demás, no podía ser de otro modo.


Nos equivocaríamos de raíz si la reflexión colectiva convocada por las palabras del Presidente desemboca en listas de buenos y malos; en mi opinión, el debate debe conducir a identificar lo que merece permanecer y lo que debe desparecer del conjunto de prácticas en la política mexicana del signo ideológico que sea.


Debe desaparecer el politiquero clientelar, el que hace promesas falsas, el que paga con los impuestos de los contribuyentes su presencia en medios de comunicación y la invisibilidad de sus adversarios, el que invade atribuciones, el que impone candidatos contra todo derecho, el que confunde su falta de escrúpulos con inteligencia, el que pega sin dar la cara.

 
DEBATIR NO ES DIVIDIR


Hay dos especies de políticos convulsionados como peces arrojados a tierra firme por las olas, los que temen que la judicialización de la corrupción de la élite les alcance y los que ya no tienen modo de seguir haciendo caravanas con sombrero ajeno.


El debate democrático conduce a la revolución de las conciencias, permite disentir sin ofender, respetar sin humillarse y no confundir la efervescencia de ideas con división.


Nos encontramos el lunes en Recreo
@luismedinalizalde luismedinalizalde@gmail.com